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HISTORIA DE UNA COMIDA
En muchas ocasiones se ve como en el evangelio de Jesús, la comida pasa a un
segundo plano. Si en serio te ponés a vivir las enseñanzas del Maestro, te
va a ocurrir lo mismo. Pero también sabemos, que si hay comida en una olla o
en un plato, es por voluntad providencial de Dios, por esta razón si hay
comida tenemos que cuidarla.
Aquí está la historia de una comida en una misión.
Estábamos en el norte de Entre Rios, en la zona de un paraje llamado El
Tibirí, situado a unos 120 km de Paraná. Era la última comida de la misión,
ya que retornábamos para Rosario, los grupos de trabajos estaban finalizando
las actividades, los últimos abrazos, indicaciones, besos.
La tormenta nos había amenazado todo el fin de semana, eran las tres de la
tarde, zapallitos revueltos con cuatro huevos que habíamos pedido a las
familias humildes, para concretar un menú de emergencia.

La lluvia llega, salimos de la zona de misión con la
comida a cuesta para saborearla en la ruta ,lejos de la amenaza de quedarnos
empantanados.


Lo fantástico es que los encargados de llevar la
comida son dos personas Hermosas de corazón. Uno Luis, un desocupado con su
chatita. El segundo Matías un seminarista casi diácono. Que precioso mensaje
para cualquier misionero.

La comida de Dios se cuida y se lleva a donde
sea, con tal de alimentar hombres de buena voluntad.

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